La arquitectura en el coronavirus

¿Cómo viviremos juntos? ¿Cómo trabajaremos juntos? ¿Puede la pandemia del coronavirus llevar a repensar la arquitectura y la forma en la que se diseñan los espacios en los que vivimos? Estas preguntas se volvieron frecuentes en medio de la incertidumbre generada por la pandemia de COVID-19, enfermedad que obligó a millones de personas a dejar sus lugares de trabajo para confinarse en sus hogares.

Y fue precisamente en el aislamiento donde las personas y empresas comenzaron a cuestionar qué tan buenas eran las condiciones de sus viviendas, de sus lugares de trabajo y de los lugares públicos que solían visitar.

Para la arquitecta de la Universidad de los Andes, Isabel Cristina Arteaga, la pandemia nos obligó a reflexionar sobre qué tan flexible era nuestro espacio para poderlo adaptar al trabajo y al estudio virtual, actividades que no se realizaban en las viviendas y que exigieron cambios que no muchos podían hacer con facilidad.

Arteaga, quien tiene un doctorado en urbanismo y ordenación del territorio, destacó el caso de la vivienda social, donde familias con tres, cinco y hasta ocho integrantes se vieron forzadas a permanecer en viviendas de 55 metros cuadrados o menos.

“La densidad, la flexibilidad y habitabilidad, yo creo que esos han sido tres de los temas más importantes en la arquitectura desde que todo esto empezó (…), condiciones de calidad de vivienda que deberían existir con o sin pandemia”, resaltó la arquitecta.

Arteaga advierte que el tamaño de los edificios de atención al público y de vivienda, así como la manera en la que se diseñan arquitectónicamente, están más relacionados con las normas que impone la ciudad sobre estos edificios que con las condiciones de calidad de la vivienda.

Según la experta, hay que empezar a revisar las normas de construcción para que los cambios se puedan dar, pues sin ellos la situación se repetirá. “Una situación en la que vamos a atender menos gente para que el espacio mínimo que tenemos simplemente cumpla con las normas de distanciamiento social”, señaló la arquitecta.

Esta preocupación es compartida por el arquitecto de Los Andes, Claudio Rossi. Para el experto, con maestría en diseño urbano, las ciudades colombianas y latinoamericanas están por debajo de los indicadores mundiales (espacio público por habitante) en más de 10 metros cuadrados, incluso 13 metros cuadrados, por habitante.

Rossi considera que la pandemia generó la necesidad de repensar la arquitectura y la forma en la que se diseñan los espacios, pues si no lo hacemos quiere decir que “no aprendimos nada”.

“Hay que diseñar mejores espacios públicos con otras condiciones y características. Necesitamos cada vez más espacios abiertos, que el espacio público sea absolutamente estructural en la ciudad, no residual; espacios accesibles, verdes y seguros”, aseveró Rossi.

No es la primera vez que una enfermedad impulsa cambios arquitectónicos y muy seguramente no será la última. Cuando se habla de la relación entre pandemia y arquitectura, uno de los casos más recordados y recientes es el de la tuberculosis, enfermedad que afectó a la humanidad a finales de siglo XIX y principios del siglo XX.

La tuberculosis llevó a la creación de escuelas al aire libre o -como se les llamó en esa época- escuelas anti-tuberculosis, rodeadas con grandes ventanales y muros plegables, los cuales facilitaban la circulación del aire. También se construyeron edificios donde las uniones entre los muros y el suelo eran redondeadas para evitar la acumulación del polvo.

Incluso el reconocido arquitecto suizo Le Corbusier se obsesionó con construir viviendas para alejar a la gente de la mortal infección, por lo que desarrolló viviendas elevadas sobre pilotes donde el sol, el aire y el espacio exterior eran esenciales. Se puede decir que la enfermedad pulmonar jugó un papel importante en el surgimiento de la arquitectura modernista.

Para el arquitecto Pedro Salgado Díaz, especialista en planeamiento de recursos físicos para la salud, los nuevos diseños deben tener espacios amables, abiertos para el contacto con la naturaleza, con grandes ventanales y que mantengan una comunicación entre el exterior y el interior.

“No podemos esperar a que haya una pandemia para que tengamos que generar los espacios adecuados solo cuando la emergencia lo solicite. Hay que respetar lo que nos enseñó la pandemia, atender problemas que siempre han existido pero que se siguen ignorando en nuestras ciudades y países latinoamericanos”, destacó Salgado.

Como ejemplo, el arquitecto citó las adecuaciones de emergencia que se tuvieron que hacer en diferentes espacios públicos para transformarlos en hospitales, así como las modificaciones que debieron hacerse en los mismos hospitales, debido a que estos carecían de espacios pensados para atender este tipo de emergencia.